Por Cris Roots
 

En el cultivo de cannabis la actividad que vas a realizar más seguido definitivamente es el riego. Al mismo tiempo es lo que más confusión causa cuando estamos arrancando y por ello es la causa número uno de problemas en los cultivos. Para que sepas cómo, cuándo y con cuánto regar, te dejo una serie de recomendaciones.

 
Lo primero que tenemos que saber es que si cultivamos en macetas, nuestra planta va a vivir exclusivamente en base al agua que le brindemos. En cambio si está en exterior plantada en la tierra sus raíces van a ir en búsqueda de agua hacia abajo y comúnmente la va a conseguir en cantidades suficientes sin nuestro aporte extra. Por lo cual hoy vamos a hablar del cultivo en macetas.
 
¿Cómo saber cuándo hace falta regar?
La respuesta es «cuando la planta lo necesite». Esa va a ser la premisa clave, pero eso no responde ninguna duda. Entonces repasemos.
Una plántula (es decir una planta con unos pocos días desde la germinación) va a necesitar unas cantidades de agua significativamente menores que una planta adulta. Acá radica el primer error cuando cultivamos: regar en exceso nuestra planta bebé. La recomendación para esta fase del crecimiento es entender que el sustrato que usemos ya trae cierta humedad y que el agua que puede necesitar una planta tan chica es muy poca. Como aproximación unos 200 mililitros de agua aplicados en los contornos donde se ubica la planta deberían ser suficientes por un periodo de tres o cuatro días. En ese momento se podría volver a regar con la misma cantidad, pero si vemos que el sustrato sigue encharcado y embarrado no tendríamos que volver a regar. La planta necesita humedad, no estar flotando en agua. 
 
Ahora bien, nuestra planta creció y vemos que la tierra se seca más rápido, esto es normal. A medida que se desarrolla el sistema de raíces, tiene más capacidad de absorber agua y nutrientes. Debemos ir adaptando nuestra práctica de riego a esas necesidades.
El mejor mecanismo para saber cuándo regar es levantar la maceta y sentir el peso de la misma. La diferencia entre una maceta regada y una seca es realmente notoria.
 
¿Cómo debe realizarse el riego?
En este punto no hay mucha discusión. La mejor forma es empezar con una pulverización sobre la capa superficial del sustrato. Esto rompe la tensión superficial y permite que el agua pueda penetrar correctamente cuando hagamos el riego. Se recomienda esperar unos segundos luego de la pulverización y después empezar a aplicar el agua. La norma es hacerlo paulatinamente, de a tragos espaciados por unos segundos. Es decir, aplicamos 100ml y esperamos que se absorban completamente, a los 30 segundos volvemos a aplicar 100 más y así hasta completar la cantidad total.
 
¿Con qué agua regar?
En este punto las cosas también son claras. El agua a usar NO tiene que tener cloro. Es decir, no nos sirve el agua de red corriente. Los servicios de agua que nos abastecen usan cloro para conseguir un agua libre de patógenos para el consumo humano, esas cantidades de cloro no nos afectan a nosotros pero si a los microorganismos que habitan el suelo. 
Por ello el agua de red no debemos usarla recién salida de la canilla. Podemos ponerla en recipientes abiertos como baldes y dejarlas 48 horas reposando para que ese cloro se evapore y luego de eso usarla.
 Lo ideal sería contar con un filtro purificador de carbón activado que se adose a la canilla y de ahí extraer la cantidad de agua que necesitemos. Otra opción es recoger agua de lluvia y usarla en los días siguientes a su recolección. El agua que sale de los equipos de aire acondicionado también sirve, de hecho es el agua más pura que podemos conseguir. Y por último también podemos usar agua de ósmosis inversa que comúnmente se vende para llenar acuarios.
 
¿Cada cuánto regar?
Ahora que conocemos el proceso, vamos a generalizar para explicarnos mejor. Una vez que la planta ya no es un retoño, va a precisar un riego aproximadamente cada 3 o 4 días. Y cuando sea adulta y esté en plena floración seguramente el riego sea cada 2 o 3 días porque sus necesidades son mayores. No deberíamos dejar que nuestra planta llegue a un punto de sequedad extrema en la que sus hojas se encuentren totalmente caídas.  Al contrario, tampoco tenemos que regar tanto para que la maceta quede inundada siempre. Ambos extremos son malos. Pensemos en que el sustrato se mantenga húmedo.
 
¿Con cuánto regar?
Cuando la planta tiene un tamaño considerable para la maceta en la que se ubica podemos aplicar la regla del 10% para saber con cuánto regar. Si la maceta es de 10 litros podríamos regar con 1 litro de agua y estaría bien. Repito esto es siempre y cuando la planta tenga un buen tamaño y las raíces estén cubriendo por completo la maceta.
Siempre que la planta sea chica con respecto a la maceta en la cual está, la cantidad de riego tiene que ser menor que el 10% y la frecuencia del riego debe ser menor. Esto puede parecer difícil pero con un poco de práctica se vuelve muy intuitivo y no conlleva ningún problema. Cuando logramos entender las necesidades de la planta es casi como si nos hablara.
 
 
Con estos parámetros, ya puedes mejorar tu práctica de riego. Es el factor más importante en todo el cultivo y cuando se hace bien, la salud de la planta, su velocidad de crecimiento y su producción se ven aumentadas enormemente.